En una emergencia, el técnico en emergencias médicas y el paramédico toman decisiones mientras trabajan con información incompleta, bajo presión de tiempo y, en ocasiones, en escenarios inseguros. Pero la competencia clínica no es la única condición necesaria para ejercer correctamente.
También existe una dimensión ética y profesional: cómo se trata al paciente, qué información se protege, cómo se obtiene el consentimiento, cómo se documenta una atención, cómo se actúa frente a un compañero que comete una conducta inapropiada y qué límites deben respetarse después de abandonar la escena.
El código de conducta no es, por tanto, un documento destinado únicamente a sancionar comportamientos. Es una herramienta para orientar decisiones cuando el protocolo clínico por sí solo no responde completamente a la situación.
Una profesión que exige algo más que conocimientos técnicos
La National Association of Emergency Medical Technicians (NAEMT) mantiene un Code of Ethics for EMS Practitioners que establece principios como conservar la vida, aliviar el sufrimiento, evitar el daño, respetar la dignidad humana, proteger la confidencialidad, mantener la competencia profesional, asumir responsabilidad por las propias decisiones y denunciar apropiadamente conductas poco éticas o incompetentes. El código fue adoptado originalmente en 1978 y revisado en 2013.
Estos principios tienen una particularidad: no se limitan al momento en que el profesional está realizando una intervención clínica. La conducta profesional comienza antes de tocar al paciente y continúa después de entregarlo en el hospital.
Un paramédico puede realizar correctamente una canalización intravenosa, administrar un medicamento siguiendo el protocolo y documentar los signos vitales, pero al mismo tiempo vulnerar gravemente la ética profesional si divulga información confidencial, utiliza fotografías del paciente sin autorización o establece una relación personal inapropiada con una persona atendida.
La competencia técnica y la conducta profesional son dimensiones diferentes de una misma responsabilidad.
La evidencia demuestra que los dilemas éticos son frecuentes
La necesidad de contar con criterios claros no es teórica.
Un estudio publicado en Annals of Emergency Medicine analizó 607 intervenciones de paramédicos en un servicio urbano de soporte vital avanzado. Se identificaron conflictos éticos en 88 casos, equivalentes al 14,4 % de las respuestas analizadas.
Entre los conflictos encontrados estaban el consentimiento informado, las negativas al tratamiento o transporte, los conflictos sobre el destino hospitalario, la atención de menores, las decisiones relacionadas con la reanimación, la capacidad del paciente, la asignación de recursos y la confidencialidad.
El estudio tiene una limitación importante: utilizó una muestra de conveniencia y no permite asumir que ese 14,4 % represente a todos los servicios de emergencias. Sin embargo, demuestra algo relevante: los dilemas éticos forman parte de la práctica prehospitalaria real.
No basta con enseñar qué hacer ante una parada cardiorrespiratoria. También hay que preparar al profesional para saber qué hacer cuando un paciente competente rechaza el transporte, cuando un familiar exige información que el paciente no autorizó revelar o cuando las circunstancias de la escena entran en conflicto con las obligaciones profesionales.
El paciente no deja de tener derechos porque esté dentro de una ambulancia
La atención prehospitalaria ocurre muchas veces en espacios públicos, viviendas, carreteras, lugares de trabajo y escenarios donde pueden estar presentes familiares, vecinos, policías, bomberos, periodistas o curiosos. Eso puede convertir la privacidad en un desafío.
Una investigación publicada en Nursing Ethics estudió la privacidad de la información del paciente desde la perspectiva de 26 paramédicos en Finlandia. Los participantes identificaron la confidencialidad, la protección de los registros clínicos y el respeto integral de la privacidad como componentes de este derecho. También señalaron que la privacidad puede verse afectada por las características del entorno, las actitudes profesionales y la falta de conocimiento.
Por eso, frases aparentemente inofensivas como: “Ese paciente es el que tuvo el accidente de ayer.”
pueden convertirse en una vulneración de la privacidad si se pronuncian delante de personas que no participan legítimamente en la atención.
El principio es sencillo: la información obtenida durante la atención pertenece al ámbito clínico y no debe convertirse en conversación social
Fotografiar a un paciente no es una extensión del trabajo clínico
Los teléfonos celulares han creado un nuevo problema para los servicios de emergencias. Una fotografía puede ser tomada en segundos y permanecer durante años.
Existen casos documentados que muestran las consecuencias profesionales de cruzar esa frontera.
En 2025, el Health and Care Professions Tribunal Service del Reino Unido examinó el caso de una paramédica que había fotografiado durante aproximadamente un mes a pacientes vulnerables y enfermos; al menos una fotografía mostraba información confidencial identificable. El tribunal consideró que se había producido una vulneración de la confidencialidad y estableció una orden de cautela profesional.
Otro caso involucró al paramédico Brian Woolford. Según el expediente del regulador británico, utilizó el sistema de registros para obtener datos de contacto de una paciente que había atendido profesionalmente y posteriormente le envió mensajes de carácter inapropiado. El caso terminó con una orden de suspensión y posteriormente con su expulsión del registro profesional.
Estos casos muestran que el problema no termina cuando la ambulancia abandona el domicilio.
La relación profesional con el paciente continúa teniendo límites después de la atención
Redes sociales: el uniforme no desaparece al cerrar la aplicación
El código de ética de la NAEMT incluye expresamente el uso responsable de las redes sociales y establece que el profesional debe evitar conductas que desacrediten o perjudiquen a pacientes, compañeros, organizaciones o a la profesión.
La literatura médica también ha advertido sobre este problema.
Una revisión publicada en The Clinical Teacher examinó nueve documentos de orientación profesional sobre redes sociales y encontró cinco temas comunes:
- Protección de la confidencialidad del paciente.
- rechazo de conductas difamatorias.
- Reconocimiento de que la privacidad no puede garantizarse completamente en internet.
- Responsabilidad de preservar la confianza pública y uso responsable de las redes.
En el ámbito específico de los servicios médicos de emergencia, un estudio sobre servicios médicos de emergencia con helicópteros del Reino Unido señaló que las redes sociales pueden generar riesgos de vulneración de la confidencialidad y de las normas de protección de datos, especialmente cuando diferentes publicaciones permiten reconstruir la identidad o las circunstancias de un paciente.
Por eso, ocultar el rostro del paciente no siempre es suficiente.
Una fotografía de una escena puede revelar el lugar, la hora, el vehículo, una lesión particular, el uniforme del paciente, familiares u otros elementos que permitan identificarlo.
La pregunta profesional no debería ser solamente: “¿Se ve la cara del paciente?”
También debería ser: “¿Existe alguna posibilidad razonable de que alguien pueda identificar a esta persona?”
El consentimiento no es un trámite
Otro componente esencial del comportamiento profesional es comprender que el consentimiento informado no consiste simplemente en preguntar: “¿Está de acuerdo?”
El profesional debe valorar, dentro del alcance de su práctica y de las normas aplicables, si el paciente tiene capacidad para tomar la decisión, proporcionar información comprensible y respetar una negativa válida cuando corresponda.
Esto adquiere especial importancia cuando existe una negativa al tratamiento o al transporte.
Precisamente, en el estudio de 607 intervenciones prehospitalarias citado anteriormente, los problemas relacionados con el consentimiento informado representaron el 27% de los conflictos éticos identificados.
La cifra no significa que el 27 % de todas las llamadas de ambulancia presenten problemas de consentimiento. Significa que, dentro de los conflictos éticos identificados por ese estudio, esa fue la categoría más frecuente. La diferencia es importante.
La dignidad del paciente también forma parte de la atención
El paciente puede estar desnudo, intoxicado, desorientado, sangrando, vomitando, inconsciente o atravesando una situación emocional extrema. Nada de eso elimina su dignidad.
El código de la NAEMT establece que los servicios deben prestarse con compasión y respeto por la dignidad humana y sin permitir que factores como la condición socioeconómica influyan en la actitud o en la atención proporcionada.
En términos prácticos, esto significa evitar burlas, comentarios despectivos, conversaciones innecesarias sobre el paciente y cualquier comportamiento que convierta su vulnerabilidad en entretenimiento.
También significa mantener una comunicación profesional incluso cuando el paciente resulta difícil de manejar.
La conducta profesional también afecta la percepción de seguridad
La ética no es únicamente una cuestión administrativa. Puede afectar directamente la experiencia del paciente.
Una investigación cualitativa publicada en BMJ Open entrevistó a 21 pacientes sobre su percepción de seguridad durante la atención de los servicios médicos de emergencia. Los participantes señalaron que la capacidad clínica, las habilidades técnicas y de conducción influían en su sensación de seguridad, pero también destacaron la igualdad en el trato, la información proporcionada y la posibilidad de participar en las decisiones relacionadas con su atención. La falta de profesionalismo o comunicación podía disminuir esa sensación de seguridad.
El paciente, por tanto, no evalúa únicamente si el paramédico sabe colocar una vía intravenosa, también observa cómo le habla, si lo escucha, si explica lo que está haciendo, si respeta su intimidad y si percibe que está siendo tratado como una persona.
¿Qué ocurre cuando el propio compañero actúa mal?
Este es uno de los aspectos más difíciles de un código de conducta, la lealtad hacia el equipo no puede convertirse en complicidad.
El código de la NAEMT establece que el profesional debe rechazar procedimientos poco éticos y asumir la responsabilidad de comunicar incompetencia o conductas no éticas a la autoridad correspondiente, utilizando los canales apropiados.
Esto NO significa acusar públicamente a un compañero ni utilizar las redes sociales como tribunal
Significa utilizar los mecanismos institucionales establecidos: supervisor, dirección médica, comité de calidad, departamento de recursos humanos, organismo regulador u otra autoridad competente, según la situación y la legislación aplicable.
La seguridad del paciente debe estar por encima del compañerismo mal entendido
Un caso especialmente ilustrativo: la confidencialidad puede tener consecuencias profesionales
En California, documentos oficiales del Paramedic Disciplinary Review Board muestran que la falta de confidencialidad de información médica de pacientes puede constituir conducta no profesional sujeta a medidas disciplinarias. En los casos registrados se contemplaron sanciones económicas por incumplimiento de las obligaciones de confidencialidad.
En el Reino Unido, otro expediente disciplinario terminó con la expulsión del registro profesional de un paramédico que había mantenido en su domicilio aproximadamente 341 registros clínicos correspondientes a unos 274 pacientes, con información identificable, entre otras conductas relacionadas con la protección de la información y el interés del paciente.
Son jurisdicciones diferentes y sus leyes no deben trasladarse automáticamente a República Dominicana. Lo que sí muestran es un principio común: la confidencialidad no es una recomendación de cortesía; forma parte de las obligaciones profesionales de la atención sanitaria.
La honestidad también forma parte del código
Un técnico o paramédico debe poder responder por lo que hizo y por lo que no hizo.
Eso incluye:
- Registrar correctamente los hallazgos.
- No inventar signos vitales.
- No documentar procedimientos que no se realizaron.
- No alterar posteriormente un registro para ocultar un error.
- Comunicar incidentes relevantes.
- Reconocer los límites de su competencia.
- Solicitar ayuda cuando sea necesario.
- No administrar tratamientos para los cuales no está autorizado o preparado.
- No ocultar información clínica relevante al siguiente profesional.
La cultura de seguridad requiere que los errores puedan ser identificados y analizados.
Una revisión sobre seguridad del paciente en los servicios médicos de emergencia recomendó mejorar la notificación de eventos adversos mediante sistemas no punitivos y fortalecer la toma de decisiones clínicas mediante educación, investigación y políticas adecuadas.
Esto plantea una diferencia importante entre error y conducta deliberadamente irresponsable.
No todos los errores son faltas éticas. Un profesional puede cometer un error de buena fe y reportarlo inmediatamente. Otro puede intentar ocultarlo, falsificar el registro o responsabilizar falsamente a un compañero. La respuesta profesional no debería ser idéntica en ambos escenarios.
El código debe existir también cuando nadie está mirando
Un código de conducta tiene poco valor si solamente se recuerda cuando ocurre una investigación disciplinaria.
Debe formar parte de la formación inicial, la educación continua, las evaluaciones de desempeño y la cultura diaria del servicio.
Un estudio cualitativo publicado en Nursing Ethics en 2023 entrevistó a 11 paramédicos australianos sobre su relación con el código profesional. Los investigadores encontraron que el conocimiento y uso del código era limitado y que algunos profesionales dependían más del “sentido común” que de una referencia formal. Los participantes también consideraron que el código podía ayudar a consolidar la identidad profesional de la paramedicina.
Esto tiene una implicación educativa clara: no basta con entregar un código de conducta; hay que enseñarlo.
Un estudiante debería discutir casos reales y simulados sobre:
- Negativa de transporte.
- Paciente sin capacidad aparente para decidir.
- Menores.
- Confidencialidad.
- Fotografías y videos.
- Redes sociales.
- Conflictos con familiares.
- Agresiones contra el personal.
- Errores de medicación.
- Falsificación de registros.
- Conflictos de interés.
- Relaciones personales con pacientes.
- Uso indebido de información.
- Discriminación.
- Denuncia de conductas inseguras.
Un código de conducta práctico para el técnico y el paramédico
A partir de los principios profesionales de la NAEMT y de la evidencia disponible sobre ética prehospitalaria, un código institucional debería contemplar, como mínimo, los siguientes compromisos:
1. Poner al paciente en el centro de la atención
Actuar buscando preservar la vida, aliviar el sufrimiento y evitar daños prevenibles.
2. Respetar la dignidad humana
Tratar a cada persona con respeto independientemente de su condición, comportamiento, origen, situación económica o diagnóstico.
3. Mantener la confidencialidad
Proteger la información clínica y personal obtenida durante la atención, salvo las excepciones establecidas por la ley.
4. Respetar la autonomía
Reconocer el derecho del paciente competente a participar en las decisiones relacionadas con su atención dentro del marco legal y clínico correspondiente.
5. Mantener los límites profesionales
No utilizar la relación asistencial para obtener beneficios personales, relaciones sentimentales, contactos privados u otros intereses ajenos a la atención.
6. Mantener competencia profesional
Actualizar conocimientos, habilidades y competencias y reconocer los límites propios.
7. Documentar con honestidad
Registrar de forma objetiva y completa los hallazgos, intervenciones, respuestas del paciente y decisiones relevantes.
8. Proteger imágenes y datos digitales
No tomar, almacenar, compartir ni publicar fotografías, videos, audios o información del paciente fuera de los procedimientos autorizados.
9. Actuar correctamente en redes sociales
No utilizar experiencias clínicas, fotografías o información de emergencias para entretenimiento, reconocimiento personal o promoción.
10. Trabajar en equipo
Respetar a técnicos, paramédicos, enfermeros, médicos, bomberos, policías y demás profesionales que participan en la respuesta.
11. Reportar riesgos
Informar mediante los canales correspondientes sobre situaciones que puedan comprometer la seguridad del paciente o del equipo.
12. Asumir responsabilidad
Responder profesionalmente por las propias decisiones, reconocer errores y participar en los procesos de mejora.
La ética también necesita apoyo institucional
Sería un error colocar toda la responsabilidad sobre el individuo.
La evidencia reciente muestra que los profesionales prehospitalarios pueden enfrentar dilemas éticos importantes y que el entorno laboral influye en la posibilidad de discutirlos.
Un estudio publicado en BMC Medical Ethics en 2024, basado en grupos focales con técnicos de emergencias, paramédicos y médicos prehospitalarios, encontró que los profesionales utilizaban estrategias informales para manejar los problemas éticos y que compartir esas experiencias podía resultar difícil cuando no existía suficiente apoyo organizacional. Los autores señalaron la importancia de la confianza, la seguridad y el apoyo institucional para afrontar estos desafíos.
Esto significa que un servicio de emergencias debería contar con algo más que un documento firmado al ingresar.
Debe existir una estructura para:
- Consultar dilemas éticos.
- Reportar incidentes.
- Proteger al paciente.
- Proteger al profesional que reporta de buena fe.
- Revisar eventos adversos.
- Analizar errores.
- Actualizar protocolos.
- Educar sobre conducta profesional.
- Aplicar medidas disciplinarias cuando corresponda.
El código de conducta no sustituye la ley ni los protocolos
Un punto debe quedar claro: un código profesional no reemplaza la legislación, las regulaciones sanitarias, los protocolos clínicos, las órdenes médicas ni las normas internas del servicio.
Tampoco todos los países regulan de la misma manera al técnico en emergencias o al paramédico
La normativa aplicable en República Dominicana debe determinar cuáles son las obligaciones legales concretas de cada categoría profesional y de cada institución.
El código de conducta funciona como una estructura ética y profesional que debe integrarse con esas normas.
Una prueba sencilla para cualquier profesional
Antes de publicar una fotografía, comentar un caso, compartir un dato clínico o tomar una decisión que pueda afectar al paciente, el profesional puede hacerse cinco preguntas:
¿Es legal?
¿Es clínicamente correcto?
¿Respeta la dignidad y privacidad del paciente?
¿Podría explicar mi actuación ante mi supervisor, el paciente y un organismo regulador?
¿Estoy haciendo esto por el interés del paciente o por un interés personal?
Si una conducta genera dudas importantes en alguna de estas preguntas, probablemente merece una revisión antes de ejecutarse.
Una profesión que también se mide por la conducta
La atención prehospitalaria tiene una característica particular: muchas veces el paciente conoce al técnico o al paramédico durante uno de los momentos más vulnerables de su vida.
Puede ser la primera persona que lo toca después de un accidente. Puede ser quien comunica una decisión difícil a la familia. Puede ser quien protege su intimidad cuando está inconsciente. Puede ser quien reconoce un error y lo reporta. Y puede ser también quien, por una mala decisión, transforme una situación clínica en un problema de confianza, privacidad o seguridad.
La conducta profesional no es un complemento de la atención prehospitalaria. Forma parte de ella
Un buen técnico o paramédico no es únicamente quien conoce los algoritmos, administra correctamente un medicamento o ejecuta una reanimación.
También es quien sabe cuándo hablar, cuándo guardar silencio, cuándo actuar, cuándo pedir ayuda, cuándo respetar una decisión y cuándo reportar una conducta que puede poner a un paciente en riesgo.
La competencia clínica permite hacer muchas cosas.
La ética profesional establece cuáles deben hacerse, cómo deben hacerse y cuáles nunca deberían hacerse.
Consultas
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- Adams JG, Arnold R, Siminoff L, Wolfson AB. Ethical conflicts in the prehospital setting. Annals of Emergency Medicine. 1992;21(10):1259–1265. DOI: 10.1016/S0196-0644(05)81759-7.
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- Health and Care Professions Tribunal Service. Brian Woolford – Paramedic. Expediente disciplinario profesional.
- Health and Care Professions Tribunal Service. Katarzyna Ciszewska – Paramedic. Expediente disciplinario profesional.
- Health and Care Professions Tribunal Service. Ian Hitchen – Paramedic. Expediente disciplinario profesional.


