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Cuando la emergencia queda grabada: dispositivos de registro, atención prehospitalaria y sus efectos

Por: Wellington Gómez Pichardo

La atención prehospitalaria ocurre en escenarios donde casi todo sucede al mismo tiempo: una persona herida en una vía pública, un paciente inconsciente dentro de una vivienda, una parada cardiorrespiratoria, familiares intentando obtener respuestas y un equipo de emergencia tomando decisiones en cuestión de segundos.

Cada vez con mayor frecuencia, además, toda esa escena puede quedar registrada

Cámaras corporales, teléfonos móviles, cámaras instaladas en ambulancias, cámaras vehiculares y sistemas capaces de transmitir imágenes en tiempo real están entrando en contacto con los servicios de emergencias. Algunas herramientas fueron diseñadas para seguridad; otras, para documentación, supervisión, capacitación o asistencia médica a distancia.

La pregunta ya no es solamente si una emergencia puede ser grabada. La cuestión es qué ocurre cuando la atención de un paciente queda registrada en video, quién puede acceder a esa información y qué efectos produce sobre la atención, el personal y el propio paciente.

Una escena que antes desaparecía y ahora puede quedar registrada

Durante décadas, buena parte de la documentación de una intervención prehospitalaria dependió de lo que el equipo recordaba y posteriormente consignaba en el reporte asistencial. La aparición de sistemas de grabación introduce otra fuente de información: el registro audiovisual.

Un estudio piloto publicado en Prehospital Emergency Care analizó el efecto de las cámaras corporales sobre la documentación realizada por paramédicos. En una simulación participaron 10 profesionales y, después de revisar las grabaciones, realizaron 71 modificaciones en sus registros iniciales: 51 fueron clasificadas como moderadas y 13 como importantes. Los autores concluyeron que la revisión del video podía mejorar la precisión de la documentación.

Esto tiene una implicación práctica importante: la cámara puede convertirse en una herramienta de memoria y documentación, especialmente cuando la intervención contiene múltiples acontecimientos simultáneos.

Pero documentar mejor no significa necesariamente grabarlo todo

Cámaras corporales: supervisión, evidencia y aprendizaje

Las cámaras corporales pueden utilizarse para diferentes objetivos dentro de un servicio de emergencias. Entre ellos están:

  • revisión de procedimientos clínicos
  • capacitación del personal
  • investigación de incidentes
  • análisis de quejas
  • evaluación de protocolos
  • documentación de determinadas actuaciones
  • seguridad del personal
  • revisión de situaciones de violencia o amenazas

Algunos trabajos también han descrito posibles beneficios relacionados con la transparencia y la resolución de reclamaciones. Un informe presentado en BMJ Open señaló que las grabaciones permitieron revisar incidentes y, en algunos casos, facilitaron la resolución rápida de investigaciones y contribuyeron a desescalar situaciones con personas alteradas.

Sin embargo, existe otra cara del problema.

Una investigación sobre el uso de cámaras corporales durante reanimaciones prehospitalarias identificó preocupaciones entre profesionales relacionadas con la privacidad, la ética, el consentimiento y la posibilidad de que la presencia de una cámara tenga efectos no deseados sobre la atención. Los investigadores señalaron que todavía existían interrogantes culturales y éticos alrededor de la utilización de estos registros para auditoría clínica.

El paciente no es un escenario

Este probablemente sea el punto más delicado.

Una intervención prehospitalaria puede mostrar información extremadamente íntima: lesiones, sangre, desnudez parcial, enfermedades, consumo de medicamentos o drogas, crisis psicológicas, conversaciones familiares y otros datos que una persona normalmente no permitiría registrar públicamente.

En República Dominicana, la Ley General de Salud 42-01 reconoce el derecho del paciente al respeto de su dignidad e intimidad y establece la confidencialidad de la información relacionada con su expediente y estancia en instituciones de salud, con excepciones determinadas por autorización del paciente, interés colectivo bajo condiciones específicas, orden judicial o disposición legal.

Además, la Ley 172-13 contempla la protección de los datos personales y establece disposiciones específicas para los datos relativos a la salud. La norma permite su tratamiento dentro del ámbito sanitario cuando resulte necesario para la prevención, diagnóstico, asistencia o gestión de servicios de salud, bajo las condiciones previstas por la legislación y el deber de secreto profesional.

Por eso, una grabación realizada durante una emergencia no debería tratarse simplemente como un video cualquiera. Puede contener información clínica y datos personales sensibles.

¿Y si el paciente no puede consentir?

Aquí aparece una dificultad particular de la atención prehospitalaria. Un paciente puede estar inconsciente, desorientado, intoxicado, gravemente lesionado o sufriendo una emergencia que le impide tomar decisiones.

No puede detenerse una reanimación para preguntar:

"¿Autoriza usted que la intervención quede registrada?"

La prioridad es atenderlo.

Esto no significa que cualquier grabación posterior pueda utilizarse libremente.

La existencia de una emergencia y la necesidad de prestar asistencia no eliminan automáticamente las obligaciones relacionadas con confidencialidad, seguridad de la información y utilización posterior de los registros.

El propósito de la grabación resulta fundamental.

Una grabación utilizada para mejorar un procedimiento clínico no plantea exactamente las mismas cuestiones que un video publicado en redes sociales, utilizado con fines publicitarios o compartido fuera del sistema asistencial.

El teléfono móvil: la cámara que ya está en el bolsillo

El problema no se limita a las cámaras institucionales. Prácticamente cualquier persona presente en una emergencia puede tener un teléfono capaz de grabar video y audio. Puede ser un familiar, un transeúnte, un periodista, otro profesional o incluso un miembro del propio equipo.

La proliferación de teléfonos inteligentes ha hecho que muchas intervenciones prehospitalarias puedan quedar registradas desde diferentes ángulos sin que el paciente tenga control sobre esas imágenes.

Esto genera una diferencia importante entre documentar una atención y convertir una atención en contenido. El primer supuesto puede responder a una finalidad asistencial, administrativa, educativa o de seguridad previamente definida.

El segundo puede terminar exponiendo a una persona durante uno de los momentos más vulnerables de su vida.

Cuando la cámara modifica el comportamiento

La presencia de una cámara también puede modificar la conducta de las personas que saben que están siendo grabadas.

Para el personal de emergencias, esto puede tener efectos positivos: mayor atención a los protocolos, mejor documentación y posibilidad de revisar posteriormente una intervención.

Pero también puede producir presión adicional.

El profesional puede sentir que cada palabra y cada movimiento serán evaluados posteriormente. En situaciones de alto estrés, esto puede influir en la forma en que interactúa con el paciente, familiares o compañeros.

La literatura sobre privacidad en atención prehospitalaria señala que el entorno de emergencia presenta dificultades particulares para proteger la privacidad. Una revisión de estudios identificó factores relacionados con los propios paramédicos, las características del trabajo prehospitalario y los pacientes, y concluyó que todavía existe necesidad de mayor investigación y formación en esta materia.

Por ello, la discusión no debería reducirse a "cámaras sí" o "cámaras no".

La pregunta más útil es: ¿Cómo se utilizan las cámaras sin deteriorar la relación entre el paciente y el profesional?

De la grabación pasiva a la supervisión en tiempo real

La tecnología también está avanzando hacia sistemas que no solamente graban.

Existen plataformas capaces de transmitir imágenes desde el lugar de la emergencia hacia profesionales que pueden proporcionar apoyo médico a distancia.

Un estudio publicado en 2026 analizó durante 11 años un sistema de cámara corporal conectado a supervisión médica en el servicio de emergencias del Hospital Ramathibodi, en Tailandia. El estudio incluyó 5,721 casos y comparó periodos con supervisión telefónica tradicional y con el sistema audiovisual.

Los investigadores encontraron una asociación con una mayor supervivencia hasta la llegada al servicio de emergencias, particularmente en pacientes con parada cardiorrespiratoria extrahospitalaria. Sin embargo, no observaron mejoras estadísticamente significativas en supervivencia hasta el ingreso hospitalario o hasta el alta, ni cambios en la duración de las estancias hospitalarias.

Estos resultados son importantes porque muestran que la transmisión de imágenes puede convertirse en una herramienta clínica, pero también que sus beneficios deben evaluarse según el resultado que se esté midiendo.

Una cámara no salva por sí misma a un paciente.

Lo que puede hacer es proporcionar información adicional para que otra persona tome una decisión clínica.

La grabación también puede convertirse en evidencia

Otro efecto relevante aparece después de la emergencia. Una grabación puede ayudar a reconstruir:

  • qué encontró inicialmente el equipo
  • qué procedimientos fueron realizados
  • cuándo ocurrieron determinados acontecimientos
  • qué información proporcionaron familiares o testigos
  • cómo evolucionó la situación
  • qué ocurrió antes de una lesión o complicación
  • cómo respondió el personal ante una situación de violencia

Esto puede ser útil para investigación clínica, formación, gestión de calidad y, dependiendo del caso, procesos administrativos o judiciales.

Pero cuanto mayor sea el valor de una grabación, mayor es también la necesidad de controlar su cadena de custodia.

No basta con tener una cámara, hay que saber: quién grabó, cuándo, dónde se almacenó, quién tuvo acceso, si fue modificada, cuánto tiempo debe conservarse y cuándo debe eliminarse.

El riesgo de convertir al paciente en contenido

Las redes sociales han añadido otra dimensión al problema. Un video grabado durante una emergencia puede tener valor informativo, pero eso no significa que deba publicarse.

El paciente puede aparecer identificable. También pueden aparecer familiares, menores, direcciones, documentos, matrículas, conversaciones y otros elementos capaces de revelar su identidad.

Una vez publicado en internet, el control sobre la distribución puede desaparecer rápidamente. La diferencia entre una grabación institucional protegida y un video publicado en redes sociales es, por tanto, fundamental, el primero puede estar sujeto a controles de acceso, políticas de conservación y obligaciones profesionales.

¿Qué debería tener una política de grabación en un servicio de emergencias?

Un servicio de atención prehospitalaria que implemente cámaras debería definir previamente, como mínimo:

1. Finalidad.
Determinar exactamente para qué se graba.

2. Activación.
Establecer cuándo comienza y cuándo termina una grabación.

3. Situaciones excluidas.
Definir escenarios en los que la grabación debe limitarse, detenerse o aplicarse un protocolo especial.

4. Acceso.
Determinar quién puede visualizar las imágenes.

5. Almacenamiento.
Proteger los archivos contra accesos no autorizados, copias o filtraciones.

6. Conservación.
Establecer cuánto tiempo se mantiene cada grabación según su finalidad.

7. Auditoría.
Registrar quién accede a los archivos y cuándo.

8. Formación.
Capacitar al personal sobre privacidad, confidencialidad y utilización del dispositivo.

9. Uso educativo.
Definir reglas específicas para utilizar imágenes reales en entrenamiento o investigación.

10. Publicación.
Prohibir que el personal convierta imágenes de pacientes en contenido personal o institucional sin una base jurídica y autorización adecuada cuando corresponda.

En sistemas sanitarios estadounidenses sujetos a HIPAA, por ejemplo, las autoridades federales han señalado que las cámaras corporales pueden utilizarse en SEM para tratamiento y operaciones de salud, incluida la mejora de calidad, pero las grabaciones identificables pueden contener información de salud protegida y deben manejarse con las salvaguardas correspondientes.

Ese ejemplo también muestra algo importante: la tecnología no sustituye a la gobernanza.

Una herramienta que necesita límites

La discusión sobre dispositivos de grabación en atención prehospitalaria no debería convertirse en una disputa entre tecnología y privacidad.

Ambas pueden coexistir.

Una cámara puede ayudar a reconstruir una intervención, mejorar la documentación, facilitar la capacitación, respaldar una investigación y permitir que un médico observe una situación que está ocurriendo a kilómetros de distancia.

Pero la misma cámara puede convertirse en una fuente de exposición indebida si las imágenes se almacenan sin controles, si demasiadas personas tienen acceso a ellas o si terminan en redes sociales.

La pregunta central no es si debemos grabar las emergencias.

Es qué debemos grabar, con qué propósito, bajo qué reglas y con qué protección para el paciente y el personal sanitario.

En la atención prehospitalaria, donde las decisiones deben tomarse rápidamente y muchas veces en espacios públicos o dentro de domicilios privados, la tecnología puede aportar una nueva capa de información. Pero esa información sigue perteneciendo a una situación clínica en la que existe una persona vulnerable.

El desafío para los servicios de emergencias será conseguir que la cámara sea una herramienta para mejorar la atención y la seguridad, y no una nueva fuente de riesgo para quienes precisamente necesitan mayor protección.

La emergencia puede quedar grabada. La dignidad del paciente no debería quedar fuera del protocolo.
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